Ansiedad y alimentación

Hoy en día podemos decir que vivimos en una sociedad donde debemos intentar desarrollar muchas tareas en el menor tiempo posible (parte de esto te lo contaba en “cómo adelgacé 20 kg. sin pasar hambre“). Por ello, cada vez hay más personas que sufren estrés, que a menudo puede provocar problemas en los hábitos alimenticios.

La ansiedad genera sentimientos negativos tales como angustia o desesperación, que desencadenan la necesidad de comer algún capricho a todas horas, o la sensación de tener hambre de manera continua

El estrés aparece en diferentes situaciones de la vida que superan nuestra capacidad para poder resolverlas. No todo el mundo es capaz de hacer frente de la misma manera en circunstancias adversas, y cuando la situación nos supera empezamos a sentirnos nerviosos y ansiosos.

Comer compulsivamente

La ansiedad genera sentimientos negativos tales como angustia o desesperación, que desencadenan la necesidad de comer algún capricho a todas horas, o la sensación de tener hambre de manera continua, lo que hace que estemos picante cualquier cosa, sobre todo alimentos dulces o muy azucarados, o que nos hartamos compulsivamente. Por lo tanto, el estrés hace que nuestro sistema trabaje de manera forzada y, a veces, perdemos el control de lo que comemos. Creemos, equivocadamente, que podemos calmar la ansiedad de esta manera.

La clave: elegir correctamente los alimentos

Sin embargo, muchas veces resulta muy difícil ganar la batalla en nuestra mente. Debemos evitar comer más de la cuenta en las comidas principales o hacer «extras» cuando no toca, pero sí podemos controlar lo que elegimos a la hora de comer y que nos resulte beneficioso.

Estamos hablando de incluir alimentos integrales y legumbres, que nos aportan sensación de saciedad, o de elegir alimentos que contengan nutrientes que protegen y ayudan a mantener un buen estado de la salud de nuestro sistema nervioso, como el germen de trigo, la levadura de cerveza, la avena, un puñadito de frutos secos tostados sin salar o bien al natural y una correcta aportación de frutas y proteínas.

También resulta beneficioso sustituir las bebidas estimulados por otros que sean relajantes, como por ejemplo la pasiflora, la melisa, la valeriana, la tila o la hierba luisa. Estas bebidas harán que nuestro cuerpo esté más relajado. Sin embargo, tal vez tenemos algún momento de recaída en el que se nos hará muy difícil poder evitar no hacer un extra o picar algo. Si lo hacemos, sería conveniente que en vez de coger lo primero que encontramos o hacer una visita al armario donde guardamos los dulces, optamos por otras opciones, como un tazón de macedonia natural con zumo de naranja, un yogur con un puñado de cereales integrales sin azúcar o unas tostaditas.

Cuidado con las dietas desequilibradas

Por otra parte, la ansiedad puede estar potenciada por otros factores como hacer una dieta desequilibrada y muy restrictiva sin lugar a seguimiento profesional, mantener ayunos muy largos o que pasen muchas horas entre las comidas y la falta suficiente de descanso. Sería bueno poder evitar estas situaciones y, por tanto, hay que respetar unos horarios fijos para las comidas. También es recomendable cocinarlos cuando no tengamos hambre, así evitaremos picar mientras cocinamos.

Consejo bonus: actividades agradables

Otra recomendación es practicar actividades que nos resulten agradables mientras tenemos ansiedad. El objetivo primordial es distraer la mente. También es fundamental evitar comprar aquellos alimentos «extras» que comemos cuando tenemos esta situación de ansiedad, sean dulces o salados. Nuestra mente hará que tengamos el impulso de comer «extras» aunque sepamos que no los necesitamos, y si no los compramos, evitaremos caer en la tentación.

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